Abril, de un año cualquiera.

Abril, de un año cualquiera. Cielo gris y plomizo, anunciando a los gritos que pronto el cielo llorará a raudales. Humedad que hace doler los huesos como el de paso vida. La neblina es tan intensa que no permita mirarse a los ojos. Los truenos que sodomizan a  una ciudad que pretende un descanso, y…

Él lo sabía…

El fingía no darse cuenta… Pero sabía. La miraba como si fuera el último día… Él lo sabía. ¡Estaban tan lejos, aún en cercanías!. Se miraban, pero no se veían. El la miraba como al bien, ella con desdén. Él era prosa, ella prosaísmo. El paisaje que los rodeaba los ubicaba sin espacio ni tiempo…

Cuatro paredes y un infierno.

Sus vísperas eternas eran lejanías, su espera era un letargo infinito a la espera de vaya uno a saber qué, sus horas se detenían en el tiempo. Su espacio; Cuatro paredes y un infierno. Cuatro paredes derruidas de humedades y alrededores estruendosos.  Anhelaba el silencio… Su silencio. ¿Existe algo mejor que el estrépito del silencio?

Humanidad de ofertas y demandas.

Era esa torpe amalgama de humanidad. Infausto camino que no puede camuflar, ni cambiar por el anhelado. El pasado, maldita faca, lamiéndonos el ego y el pesar. Que todo emane y nada pese, venciendo todo lo se nos intimida desde el a priori… Escapa a la pereza del destino junto a las brazas del fuego…

El hambre…

(…) Ellos son trastos de una humanidad en decadencia que pretende demostrarse a sí misma un camino hacia el “sentido común”, y no es más que una hoja de ruta que indican que para ellos no hay camino posible, estratégicamente diseñada desde lujosos escritorios de grandes Urbes. Que vomita sobre ellos exclusión que los priva…

Las mujeres que me gustan…

Las mujeres que me gustan tiene ese ¡qué sé yo! ¿Viste?; Como tan bien balbuceaba el polaco  Goyeneche en la maravillosa obra de Los maestros Piazzola y Ferrer…Balada para un loco. Son pragmáticamente contra culturales. Le escapan a las formas, al “Así debe ser”. Disfrutan su desnudez, sea cual fuere su porte porque no reposan…